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Por Paz Montalbán

Matilde Huici3

En esta ocasión despedimos el curso 2012-2013 con una mujer comprometida con el tiempo que le tocó vivir y que dejó huella, principalmente, en la otra orilla del océano Atlántico. Es un testimonio ejemplar y conmovedor por su inteligencia, su vitalidad, su talla humana y ética, su capacidad organizativa y activa en pro de los menores y sus propuestas pedagógicas innovadoras.

Gracias al trabajo de Mª Nieves San Martín Montilla, periodista y pedagoga, se ha recuperado la memoria de su labor en España y en su país adoptivo, Chile. El libro titulado “Matilde Huici Navaz. La tercera mujer” (2009) de la editorial Narcea, documenta de forma muy prolija su trayectoria vital y profesional. A lo largo de sus páginas descubrimos la figura de esta mujer nacida en Pamplona en el año 1890 y fallecida en 1965 en Santiago de Chile, lejos de su tierra natal.

Mucho se ha hablado de las abogadas Clara Campoamor o Victoria Kent, colegas de profesión de Matilde Huici, sin embargo, su nombre en nuestro país ha quedado sumido en el más absoluto olvido, a pesar de que compartió varios espacios y varias luchas con ellas.

Uno de ellos fue el Lyceum Club Femenino, del que fue socia y vicepresidenta. Ella, junto con Victoria Kent, fue la encargada de defender el Lyceum de los rabiosos ataques sufridos por el patriarcado, tal y como explicamos en el post Ni tontas ni locas. También organizó, con Clara Campoamor, varias comisiones para estudiar las reformas exigibles de los códigos Civil y Penal, así como redactar los nuevos textos propuestos.

Conocer su trayectoria profesional, política, feminista o educativa, me empuja de manera irrefrenable a querer enumerar todas las iniciativas que tuvo o a plasmar su participación en distintas asociaciones e instituciones nacionales e internacionales. Pero sé que este no es el espacio ni el momento. Me extendería demasiado.

Yo destacaría su excelente formación en el seno de la Institución Libre de Enseñanza, donde trabajó, o la inestimable influencia de María de Maeztu o del catedrático de Derecho Penal Luis Jiménez de Asúa. Además residió en la Residencia de Señoritas como lo hizo también Victoria Kent. Su currículum es brillante: fue maestra, abogada y pedagoga.

Desempeñó una labor inestimable como abogada del Tribunal de Menores, donde pudo comprobar los estragos que provocaban una infancia desgraciada, aplicando nuevas ideas del entorno krausista. Fue la impulsora de la creación de la Asociación Auxiliar del Niño, una propuesta novedosa y preventiva enfocada a los niños de familias modestas que pasaban mucho tiempo en la calle, mientras sus padres y madres trabajaban, hecho que era un caldo de cultivo para la delincuencia.

Sin duda, estas experiencias que finalizaron drásticamente con la Guerra Civil, influenciaron a Matilde de forma muy honda. Tal y como afirma Mª Nieves San Martín Montilla, esta mujer que dedicó tanto ahínco en su formación, intuyó que estaba viviendo la agonía de un siglo y se empeñó, a partir de entonces, en dar un giro en su vida y construir un mundo nuevo, un futuro más prometedor en América, pero a partir de la infancia.

Así, una vez asentada en Chile, su verdadera patria, llegó a ser directora de la Escuela de Educadoras de Párvulos, donde pudo transmitir todo el bagaje cultural e intelectual que fue acumulando en sus años de formación e investigación en España y en otros países. Dejó huella formando a generaciones de educadoras de niños y niñas de 0 a 6 años. Sus principios pedagógicos tuvieron el reconocimiento que se merecían.

Su testimonio es de gran importancia, porque es un ejemplo de mujer que se forjó con una fe infinita en la educación, como herramienta indispensable para construirse como una persona integral e igual en dignidad y derechos con el hombre. Su ímpetu le permitió viajar, investigar, educar, ocupar cargos en el gobierno, impulsar la creación de instituciones, participar en distintas agrupaciones culturales o académicas…

Faltan palabras para plasmar toda su trayectoria y sobran tantos silencios… Este post quiere ser un grito ensordecedor, explicando al mundo quién fue Matilde Huici. Otra mujer olvidada y doblemente condenada: por su ideología y por ser una mujer que brilló con luz propia.

Su exilio fue un imperativo a causa de su significación en el gobierno de la Segunda República. No obstante, esta condena, marcó una etapa de su vida muy fructífera y que dejó una huella indeleble. Prueba de ello, es la gran cantidad de centros de educación infantil que llevan su nombre en Chile. Ahí, no la olvidan.

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