El Lyceum

Qué fue el Lyceum Club femenino de Madrid

Placa conmemorativa del 90º centenario del Lyceum. Casa de las 7 Chimeneas, Madrid.

En palabras de la hispanista Shirley Mangini, el Lyceum Club Femenino de Madrid podría definirse como “un refugio feminista en una capital hostil”. 

El LCF de Madrid fue una organización singular y pionera en España. Se trata de la primera organización cultural y laica, creada por y para las mujeres en 1926, que luchó por la igualdad social y jurídica de su género. El Lyceum Club se creó a imagen y semejanza del Lyceum Club de Londres fundado en 1903 por la escritora Constance Smedley. Luego proliferarían en otros lugares del mundo: París, Berlín o Nueva York, entre otros.

Una de las principales impulsoras fue Carmen Baroja, después de realizar un viaje a Londres, aunque ella misma comenta que la idea ya había calado en otras coetáneas suyas. La institución contaba con siete secciones: la social, la de música, la de artes plásticas e industriales, la de literatura, la de ciencias, la internacional y la hispanoamericana. Mujeres como María de Maeztu, Isabel Oyarzábal, Victoria Kent y  Zenobia Camprubí ocuparon cargos relevantes en la dirección de la entidad. Otras socias destacadas fueron Clara Campoamor, Matilde Huici, Mª Teresa León, María de la O Lejárraga, Ernestina de Champourcín, Concha Méndez, Maruja Mallo, Elena Fortún, Hildegart Rodríguez o Victorina Durán.

El LCF no solo fue un refugio para compartir ideas, un foro para fomentar la cultura y la concienzación de la mujer, sino también un espacio desde el que luchar por los derechos civiles de la mujer española y como decía Mª Teresa León “adelantar el reloj de España”.

Su tarea no fue fácil, puesto que suscitó la reacción furibunda de la iglesia y la sociedad patriarcal, que pretendía relegar a las mujeres a la esfera privada, como “ángeles del hogar”. La sociedad que existía se estaba requesbrajando. Las integrantes del Lyceum sufrieron todo tipo de insultos y escarnio público, por ello, las abogadas Victoria Kent y Matilde Huici tomaron cartas en el asunto para defender su dignidad. A modo de ejemplo, cabe recordar la respuesta del insigne Premio Nobel de Literartura Jacinto Benavente, al que se invitó a dar una conferencia en el LCF, que rechazó con el argumento: “No tengo tiempo. No puedo dar una conferencia a tontas y a locas”.

Esta organización también fue el gérmen del debate sobre el sufragio femenino, un tema crucial para las mujeres de la época, que finalmente se logró gracias al compromiso político de Clara Campoamor.

Asimismo, fueron las responsables de la retirada del artículo 438 del Código Penal que penaba sólo con el destierro el asesinato con que el marido castigaba el adulterio de su esposa.

La actividad del LCF se vio truncada por el funesto golpe militar que sufrió el gobierno democrático de la Segunda República en el año 1936 ya que supuso el exilio para muchas de sus integrantes, que no solo abandonaron el país, sino que también fueron borradas, olvidadas y exiliadas del imaginario colectivo después de la Guerra Civil y la dura posguerra.

En 1939 el LCF fue confiscado por la Falange y la Sección Femenina lo convirtió en el Club Medina.