Etiquetas

, , ,

Por Paz Montalbán

L'escriptora gironin

Desde que Constance Smedley creara el primer Lyceum Club en Londres en 1904, fueron proliferando, poco después, instituciones análogas por todo el mundo. En España el primer Lyceum Club se creó en Madrid en el año 1926. Y, tal y como recuerda Zenobia Camprubí en sus “Diarios”, durante el exilio conoció y participó en el Lyceum Club de La Habana. Hecho que nos muestra cómo se extendieron estas organizaciones femeninas y las sinergias que se crearon entre ellas.

A medida que he ido descubriendo la historia de esta institución en España, que nació por primera vez en la capital, no he podido evitar preguntarme si en otras ciudades españolas las mujeres se estarían organizando y si tendrían inquietudes o problemáticas similares.

El Lyceum Club de Barcelona es una muestra palpable de que las mujeres de la burguesía catalana también se movilizaron y crearon redes entre ellas. La mujer moderna que se erigía a principios del s. XX en Europa también quería eclosionar en otras grandes ciudades y para ello necesitaba lugares donde crecer.

Como barcelonesa, es entrañable para mí conocer e investigar el rastro de esta institución en mi ciudad natal. La información que tenemos es escueta, pero gracias al espléndido trabajo de la profesora Neus Real Mercadal, podemos trazar gran parte de su historia y de todas las mujeres que le dieron vida.

Sin embargo, no podemos hablar del Lyceum Club de Barcelona, nacido en 1931, sin nombrar dos instituciones que lo precedieron y con los que tuvo una estrecha relación: el Institut de Cultura i Biblioteca Popular de la Dona (1909) [Instituto de Cultura y Biblioteca Popular de la Mujer] y el Club Femení i d’Esports de Barcelona (1928) [Club Femenino y de Deportes de Barcelona]. Así, a diferencia del Lyceum Club de Madrid, el de Barcelona no fue la primera institución cultural formada íntegramente por mujeres, que cobijó la capital catalana. Estas tres instituciones se ubicaban en el casco antiguo de la Ciudad Condal y el Lyceum Club, en concreto, se instaló en un piso de la Via Laietana nº 39.

El LCB se presentó a la sociedad catalana con un manifiesto fundacional, titulado “Manifest a les dones” (“Manifiesto a las mujeres”) bajo el lema de “Llibertat i cultura” (“Libertad y cultura”), firmado por mujeres como Aurora Bertrana, María Luz Morales, Maria Pi de Folch, Enriqueta Sèculi, Anna Miret, Carme Cortès, Mercè Ros, Montserrat Graner, Isolina Viladot, Leonor Serrano, Maria Carratalà, Josefina Bayona y Amanda Llebot. La escritora Carme Monturiol también lo habría firmado si no se hubiera encontrado fuera de Barcelona en esos momentos.

La intención era la educación y la instrucción femenina en todos los campos para sacar a la mujer del pueblo de la terrible ignorancia en la que estaba sumida. Para ello tenían claro que era necesario establecer un lugar de encuentro en el que asentar vínculos, con una marcada base cultural, para intercambiar opiniones, ideas y experiencias. Estas mujeres eran conscientes de que la educación era la base para construir la mujer moderna, emancipada y con conciencia de género para reflexionar y actuar ante los problemas que le afectaban, ya que a su marcada conciencia feminista aunaban también una clara conciencia cívica y solidaria con las mujeres más oprimidas.

Así, se organizaron actividades relacionadas con la política, el derecho, la higiene, la sociología económica y moral, el feminismo, el arte, la literatura, la lengua catalana, el corte y la confección, la decoración, etc. También se hicieron veladas teatrales, conciertos, conferencias, cursillos, tertulias mensuales, visitas educativas, sesiones cinematográficas, exposiciones (pictóricas, fotográficas, artesanales)…

La meta era construir una mujer nueva que fuera capaz de adaptarse a la nueva realidad sociopolítica. Y no se resignaban a que esta labor se dirigiese solo a las mujeres más acomodadas, sino también a las mujeres obreras y más desfavorecidas.

Ante el corsé del patriarcado y los problemas que se derivaban de este yugo, las mujeres de corte progresista se organizaron para poner en común circunstancias que no eran problemas individuales, sino de género. Compartir sus aptitudes y su situación supuso un paso adelante para romper con los clichés que las relegaban únicamente al hogar y a la maternidad y mirar hacia los nuevos horizontes de la modernidad.

Después de profundizar y dar a conocer el legado de estas mujeres, a las que bien podríamos tildar de las olvidadas de las olvidadas, no dejaré de seguir su rastro para que su memoria y su lucha estén en el lugar que les corresponde.

Anuncios